sábado, 1 de octubre de 2016

Primer año: El nombre.







                 
Todas las salas de lectura tienen un nombre que el mediador elige libremente.
Cuando salió la convocatoria para ingresar al PNSL, a todos los nuevos mediadores nos pidieron que elaboráramos un pequeño proyecto sobre lo que sería la sala de lectura.

Yo vivo en un fraccionamiento y es bien sabido que las casas en ellos son exageradamente pequeñas, por lo que siempre tuve claro que la sala sería al aire libre (me estresa mucho sentirme apretada y por eso desde el inicio descarté hacerla dentro de la casa).
Pero no había pensado bien a bien en el nombre. Siempre me ha gustado la idea de jugar con la literatura como un viaje, por eso Avioncitos de papel se llama así. Es decir, utilizar la maravilla de trasladarnos a otros lugares y al mismo tiempo plasmar una imagen que a los niños les encanta.
Los niños adoran los aviones y adoran los trenes y qué decir de los barcos (pero los barcos me resultaba algo difícil de desarrollar).
Quien me conoce sabe que no me gusta repetirme, lo evito a toda costa, así que no podía volver a utilizar los aviones, además resultaba poco práctico para los fines de la sala de lectura.
Y es que era un todo conformado de pequeñas cosas. El espacio ya lo tenía claro, la línea literaria que seguiría también, pero me faltaba resolver el asunto del mobiliario.
La verdad es que no tenía presupuesto (y es hora que no tengo, las cosas las voy consiguiendo prácticamente en la marcha) para invertir en muebles nuevos, mucho menos usados (que aquí las segundas venden como si fuera todo nuevo).

Entonces se me ocurrió la idea de construir un tren de madera reciclada, un tren que sería la imagen de nuestra sala, pero al mismo tiempo sería nuestro librero, el guardian de los libros con los que trabajaríamos. Así fue como quedó "El trenecito lector". Una vez resuelto eso, un gran amigo y diseñador, Sergio González,  puso manos a la obra para elaborar el logo que hemos utilizado desde el comienzo.

 Conseguimos tarimas de $10.00 (las mentadas pallets que tanto circulan con ideas de "economuebles" en las redes sociales, que igual te quieren vender como si fuera nuevo, en fin ese es otro tema) en una bodega de azulejos. Con las tarimas mi esposo y un amigo de él construyeron la cabina del trenecito. Y los vagones los conseguí en las fruterías también en $10.00. Pues ya lo saben, el tren está construído con tarimas y huacales.





Fue un día de mucho trabajo, pero al final el resultado valió mucho la pena. La cabina estaba construída y lijada, lista para esperar su pintura.



En lo que conseguía la pintura para terminar el trenecito, iba realizando el resto de preparativos.
Quería que mi inauguración fuera fantástica, divertida e inolvidable (y no es por presumir, pero ya verán que lo conseguí), por eso fue que comencé a elaborar gorritos para todos los niños que nos acompañaran en nuestro gran día.
¿Porque qué es lo que más caracteriza al maquinista de un tren?
¡Pues el gorro, claro, y el tren!

 Esta soy yo el día que la costurera terminó de elaborar dos gorros de tela, uno para mí y otro para mi ayudante (mi hijo mayor).







Y ahora sí, ya terminados los detalles técnicos, le puse fecha a la inauguración.
¡Ya estábamos listos para arrancar!

Pero antes, una pausa para agradecer a mi familia, porque en todo momento me han brindado su total apoyo (la verdad es que están igual de locos que yo).
 Este es el patrocinador de mis quincenas y padre de mis hijos, pero además de eso, le ha tocado ser el carpintero, conserje, viene viene, niñero, instalador... en resumen, el milusos de El trenecito lector. Bien dice el jefe güero que tenemos que hacerle un monumento, pero yo diría que a escala.



Y estos son los ayudantes de la maquinista, voraces lectores y curiosos de los libros. Los que me cargan y descargan la pila, según les plazca.




Ahora sí, ¡la inauguración!

Lo que seguía era invitar a todos los vecinos para que asistieran al gran evento y de paso pedirles que me ayudaran a recabar firmas para que tránsito me otorgara el permiso de cerrar la calle.


Nunca voy a olvidar los rostros iluminados de los niños ante la emoción de que algo iba a ocurrir en muy pocos días. Pero ese será el tema de la siguiente entrada.










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